El poder de la educación materna en el desarrollo infantil

¿Qué influye más en el desarrollo cognitivo de un niño en edad preescolar: la edad, el sexo o la educación de sus padres? La investigación doctoral de Dra. Yanci Yamileth Galdámez Hernández revela que el factor decisivo está en un lugar inesperado, pero profundamente significativo: el nivel educativo de la madre.

En El Salvador, la primera infancia es un terreno decisivo para el futuro de cada niño. Comprender cómo se desarrollan las funciones ejecutivas —esas habilidades que permiten organizar, controlar impulsos y adaptarse a nuevas situaciones— es clave para diseñar políticas educativas que fortalezcan el aprendizaje desde los primeros años.

La investigación doctoral en Educación, realizada por Dra. Galdámez, Docente Tiempo Completo de la Facultad de Ciencias de la Salud de UNICAES, analizó a niños salvadoreños de 3 y 4 años para identificar qué factores influyen en su desempeño cognitivo. Los resultados fueron reveladores: ni la edad, ni el sexo, ni la escolaridad paterna mostraron efectos significativos en el desarrollo de las funciones ejecutivas.

El hallazgo más contundente fue que la educación materna sí marca la diferencia. Los análisis estadísticos confirmaron que las madres con mayor nivel educativo influyen directamente en el rendimiento de sus hijos en tareas como el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva.

  • Control inhibitorio: es la capacidad de detenerse antes de actuar. En la vida cotidiana, se refleja cuando un niño logra esperar su turno en un juego, no interrumpe cuando alguien más habla o resiste la tentación de abrir un regalo antes de que se lo permitan.
  • Flexibilidad cognitiva: es la habilidad de adaptarse a cambios y pensar en soluciones diferentes. Por ejemplo, cuando un niño cambia de estrategia en un rompecabezas, acepta nuevas reglas en un juego o encuentra otra manera de resolver un problema cuando la primera no funciona.
  • Tarea de “regalo”: utilizada en la investigación, mide precisamente ese control inhibitorio. Es como pedirle a un niño que espere unos minutos antes de abrir un obsequio: quienes tienen mayor capacidad de autocontrol logran hacerlo.
  • Tarea de “categorización”: evalúa la flexibilidad cognitiva. Se asemeja a pedirle a un niño que agrupe objetos primero por color y luego por forma; quienes logran cambiar de criterio con facilidad muestran mayor desarrollo en esta función ejecutiva.

En algunos casos, la escolaridad materna explicó hasta un 38% de la variabilidad en el desempeño de estas tareas, lo que demuestra que el conocimiento de las madres se convierte en un predictor robusto y consistente del desarrollo cognitivo temprano.

Este resultado no solo aporta a la literatura académica, sino que también tiene un impacto social profundo: invertir en la educación de las mujeres es invertir en el desarrollo integral de la niñez. La investigación demuestra que el nivel educativo de las madres abre caminos hacia trayectorias cognitivas más sólidas desde la primera infancia.

En síntesis, el estudio de la Dra. Yanci Galdámez confirma que el futuro de los niños salvadoreños comienza en casa, y que el conocimiento de las madres es una herramienta poderosa para abrir caminos hacia un desarrollo más equitativo y sostenible.

En UNICAES celebramos con orgullo a nuestra primera promoción de doctores en educación, quienes se graduaron en diciembre de 2025. No cabe duda que son sus investigaciones iluminan los caminos hacia una sociedad más justa y preparada. Cada tesis doctoral es un aporte concreto que conecta la academia con la vida cotidiana, transformando realidades y generando esperanza.

La investigación en Educación reafirma nuestra misión: formar profesionales que impactan la vida de las personas desde sus primeros años, construyendo un futuro donde el conocimiento se convierte en servicio y desarrollo para todos.

Formación y transformación: Dos proyectos que nacen en UNICAES de la historia de Jaime

Jaime es un niño de tercer grado. Serio, de sonrisa mínima. Se enoja con facilidad, hace berrinches cuando no consigue lo que quiere y golpea a sus compañeros para imponer autoridad. No es que no aprenda; lo hace en la medida de lo posible. Pero su actitud lo aísla. Sus compañeros lo miran con recelo. Sus maestros lo llaman “niño difícil”.

La historia de Jaime no es única y es un personaje ficticio que sirve como espejo de lo que ocurre en muchas aulas a nivel nacional: estudiantes que no son problema de conocimiento, sino de comprensión. Niños que buscan atención y  posiblemente solo reciben gritos, etiquetas o castigos por parte de sus docentes y padres de familia. Fue a partir de esta realidad educativa que los doctores en educación Willian Ayala y Guillermo Mendoza, desde la Escuela de Posgrados de UNICAES, decidieron actuar.

Su propuesta se tradujo en dos proyectos de Proyección Social. El primero: jornadas de conferencias educativas que reunieron, en este mes de noviembre, a más de 300 docentes en Santa Ana y alrededor de 150 en Ahuachapán. Allí se habló de lo esencial: la finalidad de la educación sigue siendo la persona. En entrevista posterior a las conferencias, se conversó con los doctores y se trajo a colación que el profesor no puede quedarse en la premisa de referirse a ellos (los estudiantes) como la “generación de cristal”, resultado de padres ausentes, las pantallas en términos únicamente negativos, sino que debe transformar esa realidad en acción positiva. “La tecnología, incluso la inteligencia artificial, no es un problema, sino una herramienta que debe integrarse con buen uso”, explica el doctor Ayala.

El segundo proyecto fue de carácter formativo: Facilitadores de Escuelas para Padres y Madres. Este dirigido a docentes para que aprendieran a diseñar y facilitar verdaderas escuelas de padres y madres. En el Centro Escolar Católico Juan XXIII, de Santa Ana, se realizaron tres jornadas en las que los profesores descubrieron que una escuela de padres no es una conferencia pasiva, sino un espacio participativo. Allí los padres comparten sus realidades, reflexionan juntos y se convierten en protagonistas de su propio proceso de formación. Los docentes, al mismo tiempo, se vieron reflejados en su rol como madres y padres, cuestionando prácticas como la ausencia compensada con regalos o la saturación de tareas que terminan siendo más carga para la familia que aprendizaje para el niño.

En palabras de los doctores Willian y Guillermo: Este proyecto busca principalmente comprender la importancia de las escuelas para padres y madres, como espacios de formación parental, incluyendo el perfil del facilitador y las metodologías participativas para su implementación. También, diseñar una sesión de escuela de padres y madres, incluyendo contenidos de interés para las familias y estrategias metodológicas como participación activa.

Al finalizar estas jornadas, los docentes del Colegio Juan XXIII desarrollaron una simulación de una sesión de escuela para padres y madres, aplicando metodologías participativas.

En ambos proyectos, Jaime estuvo presente como recordatorio. Porque detrás de cada “niño difícil” hay una persona con grandeza y heridas. Un profesor formado en estas jornadas aprende a sustituir el grito por el estímulo positivo, a reconocer el esfuerzo y a asignar roles que encaucen el liderazgo de un estudiante como él. Una escuela de padres bien diseñada ayuda a que madres y padres comprendan que la violencia o la indiferencia no sustituyen el afecto y los límites amorosos. Y una comunidad educativa que trabaja en corresponsabilidad deja de ver problemas y comienza a construir soluciones.

Los resultados de esta primera experiencia han sido alentadores. Los proyectos ya son considerados líneas estratégicas de Proyección Social de la Escuela de Posgrados de UNICAES. Más allá de los números de asistentes, lo que se mide es la transformación de prácticas: profesores que reflexionan sobre su misión, padres que descubren nuevas formas de acompañar y comunidades que comienzan a ver la educación como un proceso integral.

Jaime, con su seriedad y sus berrinches, nos recuerda que la educación no puede reducirse a tareas, gritos o castigos. Los proyectos de la Escuela de Posgrados de UNICAES muestran que cuando docentes y familias trabajan juntos, la finalidad de la educación —la persona— vuelve a ocupar el lugar que nunca debió perder. Porque tratar a un niño como lo que puede llegar a ser es ayudarle a convertirse en aquello a lo que está llamado: Una persona feliz.